Alumna: María Guerrero Fernández
Estudios:Traducción e Interpretación
Universidad: INSTITUT FUER FREMDSPRACHEN UND AUSLANDSKUNDE
Curso: 2015-16 (anual)
Me levanto, un mensaje para mis padres, “¡Buenos días!”, preparo el
desayuno, acabo los deberes para las clases de hoy, me visto después de mirar
por la ventana (y de comprobar la temperatura de alguna forma más fiable) y
cojo la bici para ir a comerme el mundo.
Soy María, graduada en Traducción e Interpretación, y mi destino Erasmus soñado
era Finlandia, pero el peso en mi conciencia por lo que más me convenía hizo
que finalmente me fuera a vivir a un lugar anónimo y perdido en tierras
tudescas. Es una ciudad pequeña del sur de Alemania, con una calle principal y
mucha zona residencial, con muchas (muchas) bicis, con su encanto y con
historias sobre la cerveza que han marcado el municipio para siempre.
Erlangen es una ciudad de algo más de 100.000 habitantes localizada en el
estado de Baviera y, dicen, es la tercera ciudad con más bicicletas de
Alemania. Además, su principal motor económico es la Friederich-Alexander
Universität (con
facultades tanto en Erlangen como en Núremberg) y, por cosas de la vida, se
erige como centro de un gran círculo de 10 quilómetros a la redonda que incluye
dependencias de Siemens, Adidas, Puma y Schaeffler. Sí, es una gran Sant Vicent
del Raspeig llena de juventud y vitalidad. Da gusto pasear en bici sin rumbo,
observar a toda la gente (antes de las 20:00, claro), entrar a los Kneipen y empezar a hablar con personas
aleatorias. A veces conoces a gente cualquiera, otras veces acabas hablando
sobre las variedades dialectales del catalán o terminas en una charla sobre el
nazismo en un tugurio cerca del río. Yo he tenido la suerte de conocer también a
personas extraordinarias de todas partes de Alemania y del mundo, de todas
menos de Erlangen. Y es que, irónicamente, creo que sentir la ciudad es
precisamente eso: estar sentada con gente nacida en lugares recónditos que
confluyen por reglas del azar en este pequeño lugar.
Aunque este ambiente estudiantil se debe a la potencia de la universidad,
yo estudié en el Institut für Fremdsprachen und Auslandskunde, o IFA para los amigos. Ni siquiera sé muy bien qué
es el IFA, pero lo que está claro es que no es la universidad: asignaturas de
45 minutos a la semana, profesores nativos, clases de 30 alumnos, aprendizaje
elementalmente práctico, y ambiente acogedor y ciertamente familiar. Se trata
de una escuela de formación de traductores e intérpretes, muy cercana a nuestra
facultad en comparación con otros destinos Erasmus, pero aun así, como veis,
muy diferente.
También es verdad, por otra parte, que estas diferencias se desdibujan en
cierta medida por lo que es una de las mejores cosas del IFA sin duda alguna:
su enormísima oferta formativa y académica. De todo se puede hacer en el IFA, ¡incluso
traducción! Podemos encontrar desde asignaturas básicas, como cultura de la
primera lengua extranjera o traducción general en muy diferentes niveles, hasta
asignaturas más específicas de teoría, traducción e interpretación (directas e
indirectas respecto al alemán) relacionadas con las cuatro especializaciones
del centro (técnica, jurídica, económica y humanística) en inglés, español,
francés y ruso. Es un lugar ideal para probarlo todo, si aún no estás decidido
por una especialidad, o para afianzar esa decisión, si es que eres de los que
lo tienen claro.
En cuanto a la vida en Erlangen, es una ciudad con una altísima demanda de
alojamiento (es decir, alquileres por las nubes), problema del que no tienen
que preocuparse los estudiantes Erasmus que reciben plaza en una residencia
alemana (básicamente la mayoría). Por suerte, el alto nivel de vida alemán no
se plasma igual en los productos básicos y la vida social: el precio de los
alimentos, los restaurantes y la bebida es bastante razonable y cercano al
nuestro (aunque deberías abrirte un fondo de ahorros si eres de los que se pasa
a la hora de pedir refrescos en un restaurante). ¿Y las actividades de ocio? Pues
bien, también hay una gran oferta de actividades de este tipo organizadas por
la misma universidad, por centros culturales como el E-werk o por grupos de estudiantes: desde clases de baile irlandés baratísimas hasta comidas
en casas de desconocidos o
competiciones de beber cerveza (los llamados pub crawls).
Efectivamente, este cuadro tiene sus factores positivos y negativos, que
dependerán en mayor parte de tu propia actitud, pero si una cosa tiene el IFA
para los Erasmus es el contraste puro: un centro relativamente pequeño y
familiar, con una decena de estudiantes extranjeros al año deseosos de mejorar
su alemán, pero asentado en una ciudad bien comunicada con su relativamente
alta vida cultural y estudiantil, y con una gran universidad que atrae a
cientos de estudiantes extranjeros de todo tipo de perfiles cada año. Para mí,
ese es el encanto de Erlangen. Si te mueres por conocer a alemanes, si
prefieres hablar inglés, si te apetece ir al teatro, si te gusta la cerveza o
si eres más de discoteca, en Erlangen puedes encontrar de casi todo, y si eres
una alma más exigente aún, siempre estará ahí Núremberg, a unos cómodos 17 quilómetros
al sur.
En resumen, académicamente, mi estancia Erasmus fue un año de retos, de
hacer dieciocho asignaturas a la vez, de traducciones jurídicas desafiantes de
alemán a inglés y de aprender cómo funcionan las centrales eléctricas o un
motor de combustión en alemán. Personalmente, fue un año de tener entereza, de
aprender a estar sola y de aprender a no estar sola. Socialmente, fue un año de
descubrir las amistades bilingües y acompañarlas siempre de cerveza. Y vitalmente,
fue el año en el que me enamoré del alemán, esa lengua ruda y complicada, y de todo aquello que me ha
hecho amarlo. Soy María, estudiaba Traducción e Interpretación, y mi destino
Erasmus soñado era Finlandia, pero ¡qué poco me arrepiento de haber escogido
finalmente Alemania! Las decisiones que tomamos son las que nos hacen ser
quienes somos, y yo ahora puedo decir que soy un poco más alemana.
En cualquier caso, y aunque Erlangen siempre será para mí la mejor ciudad
del mundo, el sitio es lo de menos: lo importante sois vosotros, que tengáis
ganas, que os lancéis a hablar con desconocidos, que os equivoquéis al comprar
una tarjeta de teléfono, que aprendáis a dar la mano en lugar de besuquear, que
viváis mil experiencias y que todo eso os haga ser después un poquito más humanos.
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