Estudios: Traducción e Interpretación
Universidad:
University of Hildesheim
Curso: 2016-17
(anual)
Todo en esta vida tiene fin, las cosas se acaban y el
Erasmus también. De un día para otro el tiempo se va, sin esperarlo y,
entonces, solo te quedarán los recuerdos, te quedarás con todos aquellos
detalles que un día te hicieron sonreír, los que hicieron que sintieras
felicidad y con todos esos momentos que te hicieron vivir, pero vivir de
verdad, aprovechando cada segundo como si fuera el último.
Todo empezó el día en el que rellené la solicitud para
estudiar un semestre en el extranjero, y digo un semestre porque es lo que
quería. Me quedé sin plaza en mi primer destino y entonces me asignaron
Hildesheim. Reconozco que aprender el nombre no fue fácil y que tuve que buscar
mil veces en qué parte de Alemania estaba.
Me costó llegar a Hildesheim, puesto que esta pequeña
ciudad no tiene aeropuerto y la forma más económica de llegar era coger un
vuelo Alicante-Hamburgo, que sí, que lo ves en el mapa y piensas, qué bien, en
dos horitas estaré en mi ciudad, pero no. A eso añádele que vas cargada con
tres maletas y más de 30kg. Conseguí llegar a la Hauptbahnhof y allí conocí a la que iba a ser mi Buddy. He de decir que, después del
largo viaje, fue una gran ventaja contar con una persona que me ayudara y que
aunque la acabara de conocer me recibiera con los brazos abiertos y con la
mejor de sus sonrisas. Me acompañó a la que iba ser mi residencia y se encargó
de recoger mis llaves para que cuando yo llegara estuviera todo en orden.
Las primeras
dos semanas se pasan volando porque pasas más tiempo en la oficina
internacional rellenando papeles y en los cursos de introducción que en tu
casa. Reunión aquí, reunión allá, firma aquí, firma allá. Al principio verás
que son todo gastos, sobre todo con el tema del transporte, pero no te preocupes, en
Hildesheim pagas una tarjeta cada semestre (Semesterticket)
que te permite moverte e ir a cada rincón de la región las veces que
quieras, eso sí, solo cogiendo trenes regionales y haciendo transbordos, pero hazme
caso, te acabas acostumbrando y conociendo las estaciones de toda Baja Sajonia.
Además también sirve como tarjeta de crédito para pagar en la Mensa (cafetería
de la universidad), en la que, por cierto, la comida está riquísima y es bastante
económica; un plato suele costar entre dos y tres euros y, además, con una app
podrás ver desde tu casa el menú de cada semana. Un lujo, vamos.
¿Dónde puedo buscar alojamiento?
No te preocupes por el tema del alojamiento. Antes de
irte rellenarás un formulario y podrás marcar la opción para que sea la
universidad la que te busque una habitación. Tengo que decir que Hansering es
la mejor por excelencia y, además, bastante económica, unos 250 euros al mes. Está
prácticamente fuera de Hildesheim, en un barrio muy tranquilo conocido como
Itzum, a 15 minutos andando o a tres
paradas de la universidad y a 20 minutos en autobús del centro de la ciudad. Es
una residencia que está en medio del bosque pero que cuenta con un gran
supermercado justo enfrente. Son pisos de 3 o 4 personas y como norma general convives
con estudiantes nativos o con estudiantes erasmus de otros países. Yo tuve la
suerte de vivir con dos chicas alemanas con las que a día de hoy todavía tengo
contacto. He de decir que cuando más disfrutas de la residencia es en verano
porque hay un jardín común con barbacoas y los fines de semana podíamos juntarnos
perfectamente 30 personas a comer.
Otra muy buena opción es Blauer Kamp, una residencia de la misma empresa que Hansering, pero más pequeña. La ventaja
de esta es que está situada justo al lado de un precioso lago y las vistas son
impresionantes.
¿Cómo es la universidad?
Cuando
empecé en la universidad tuve peleas con
el Learning Agreement y conté los
créditos mil veces, pero hay que decir que todo era por una buena causa: no
tener clases los viernes. Es cierto que al principio cuesta adaptarse a un
sistema educativo que nunca has visto, pero acaba encantándote porque es todo
mucho más práctico, solo tienes dos horas a la semana cada asignatura y además,
no todas las asignaturas tienen examen. Lo que más me gustó del ámbito
académico es que pasabas por los pasillos y todo el mundo te saludaba porque al
ser una facultad pequeña todo era muy familiar.
Si estudias traducción no te preocupes, hay muchas
asignaturas parecidas al plan de estudios de Alicante, sobre todo si tienes
como lengua B alemán, puesto que la universidad cuenta con las ramas de
traducción científico-técnica y audiovisual español-alemán. Yo pude convalidar
60 créditos, es decir, el curso entero y no tuve muchos problemas. Si tu lengua
B es inglés, quizás no puedas cursar asignaturas que tengan el mismo contenido
que las de Alicante, pero siempre hay cursos y asignaturas en inglés para
estudiantes internacionales a las que te puedes apuntar para conseguir algunos
créditos.
10 meses, una ciudad y un objetivo
En mi caso pasaban los días y lo único que pensaba era
“me tengo que quedar todo un año” y así fue, prolongué mi estancia y me quedé
hasta julio. Los primeros meses estás un poco adaptándote y asistes a todas las
actividades que ofrece ESN (Erasmus Student Network) para conocer al resto de
erasmus. Tengo que decir que al ser una ciudad pequeña no acoge a muchos
estudiantes por lo que nosotros, los 50 que éramos en total, éramos como una
familia, íbamos siempre juntos a todo lo que se nos organizaba. Nos fuimos a
Bruselas y a Ámsterdam y la verdad es que nos salía súper barato; recuerdo que
el vuelo a Bruselas me costó 10 euros ida y vuelta.
Lo peor llegó en febrero cuando le tuve que decir adiós a
mucha gente que no sabía cuándo volvería a ver. Pero no me conformé con eso, yo
quería seguir disfrutando y aprovechando los meses que me quedaban. Me peleé
con el buscador oculto de internet para encontrar las combinaciones más baratas
y poder hacer un viaje de 12 días recorriendo dos países y tres ciudades con lo
que para mí era mi familia. Fuimos a Praga, el corazón de Europa y a Polonia.
Nos fuimos a la aventura porque es así como más se disfrutan las cosas. Tuvimos
que dormir en colchones donde notábamos los muelles, en literas de tres pisos y
recorrernos Cracovia entera a las once de la noche para conseguir una cama
porque hicimos mal la reserva.
Volví a España unos días porque el sistema educativo
alemán tiene una pausa de dos meses entre un semestre y otro, pero regresé a
Hildesheim y todo seguía igual o incluso mejor, ya que vinieron erasmus nuevos
con los que entablé una gran amistad.
El segundo semestre transcurrió más rápido de lo normal.
Ya en abril tuve que comprarme el vuelo para volver y esta vez sin billete con destino
a Alemania. Pero ahí seguí sin desaprovechar ningún momento. Viajé a Edimburgo,
Helsinki, Riga y Tallín y volví a ver a gente del primer semestre de la que me
tuve que despedir en febrero y la despedida fue peor porque ya no sabía cuándo
los volvería a ver.
Hay cosas que no olvidaré nunca de mi erasmus. Fiesta fuera
cual fuera el día de la semana y sin motivo alguno. Mi móvil me lo avisaba al
levantarme, “hoy tienes un evento” y sí, era fiesta. Energía a los erasmus no
nos faltaba, íbamos a clase, salíamos de fiesta e incluso nos íbamos de viaje al
día siguiente. La frase estrella que triunfaba entre nosotros era “ya se
descansará en España” y “venga, chicos, que luego no estaremos todos juntos,
salid de fiesta”. He de decir que no nos conformábamos con la fiesta de
Hildesheim (KuFa y Dax) y acabábamos yéndonos a Hannover aunque tuviéramos que
esperar hasta las seis de la mañana para coger el primer tren de vuelta. Salimos
incluso de fiesta por Hamburgo a pesar de estar a cuatro horas en tren. Son
cosas que tienes que vivir.
De mi experiencia puedo decir que aprendí muchísimo, que
estuve con gente que me hizo sentir como en casa y que viví momentos inolvidables.
Y, ¿qué decir de ti, Hildesheim?
Busqué fotos antes de irme para saber qué escondías, recorrí
mil veces tu catedral, me aprendí las dos leyendas que contaban sobre tu rosal
milenario y pisé más veces la Marktplatz
que la plaza del ayuntamiento de mi ciudad. He de decir que si en verano ya
estabas preciosa, en Navidad eras mágica porque a pesar del frío siempre venía
bien acercarse al Weihnachtsmarkt para
tomarse un Glühwein.
Dicen que quien vuelve de un viaje no es el mismo que
cuando se fue y, a día de hoy, puedo decir que esta experiencia, Hildesheim y
todos los que me acompañaron, me hicieron crecer como persona. Al final lo
único que nos quedará serán los recuerdos y qué suerte poder irme a dormir y recordar cada
detalle que se me ha quedado guardado en cada uno de esos días que pasé en
Alemania. Son los pequeños detalles los que marcan la diferencia.
No importa el tiempo que pase porque un día volveré a la Marktplatz a visitar el rosal y veré que nada ha cambiado.
Hildesheim ha sido mi casa durante 10 meses, pero será mi
hogar toda la vida.

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